Instrumentos musicales: introducción, origen y evolución

Instrumentos musicales son todos aquellos generadores de sonido que sirven a la concreción de ideas y órdenes musicales. Los instrumentos musicales mecánicos y su modo de ejecución dependen del cuerpo humano y de sus dos posibilidades fundamentales, el movimiento de los miembros y la emisión del soplo. Correspondientemente, el campo del sonido producido para la música se extiende desde el golpe breve hasta el sonido prolongado, es decir, desde el instrumento puramente rítmico hasta el melódico. Estos últimos a menudo se inspiran, en cuanto sonido y expresión, en la voz humana, la cual en las civilizaciones primitivas, e incluso también durante tiempo en las civilizaciones cultas, fue puesta por encima de todos los instrumentos. Sólo con el Barroco florece, en Occidente, una música instrumental independiente.

Origen y evolución: pequeño recorrido histórico

En el nacimiento y utilización de los instrumentos musicales, las necesidades mágicas y culturales desempeñaron un papel decisivo. El sonido intangible e invisible tiene, en su fugacidad, algo de inmaterial, susceptible de hechizar el mundo circundante, de conjurar espíritus y dioses. Sólo en las civilizaciones cultas -y aun en ellas, tardíamente— el instrumentario se pone al servicio de la expresión estética.

Es evidente que siempre y en todas partes han existido instrumentos musicales. Según la forma de los instrumentos. Sachs deduce la existencia de tres círculos culturales en cuanto centros de origen: Egipto-Mesopotania, la Antigüedad china y el Asia Central. Es muy difícil demostrar los itinerarios recorridos por los instrumentos, sobre todo en el ámbito extraeuropeo. Para la aparición de los instrumentos musicales en función del tiempo.

Los instrumentos musicales occidentales se remontan, casi en su totalidad, a las civilizaciones cultas de la Antigüedad. Su afluencia se produjo en la temprana Edad Media, provenientes del Cercano Oriente a través de Bizancio (los Balcanes, Italia) y por medio del Islam (a través de Sicilia y España). Las posibilidades de su transmisión son tan múltiples y variadas, que difícilmente pueden reconstruirse en forma individual (comercio, guerras, cruzadas, etc.).

Específicamente occidental es el dilatado desarrollo de los instrumentos de cuerda (aproximadamente de los siglos VIII/IX). Durante todo el Medioevo, los instrumen­tos musicales se muestran relativamente inalterados; sólo en el Renacimiento se perfeccionan los graves (instrumentos del bajo) y se forman familias instrumentales íntegras. Un nuevo perfeccionamiento de los instrumentos musicales llega con el Barroco. Lo notable es que, en lo fundamental, se mantiene el antiguo instrumentario, y no se «inventan» instrumentos nuevos. Con todo, hay mucho trecho desde el rebáb árabe o desde un laúd frotado medieval hasta un violín stradivarius.

Las civilizaciones cultas de la Antigüedad llevaron a cabo las más distintas divisiones, algunas de ellas de carácter evaluativo.

En la Edad Media, los instrumentos de cuerda se hallaban en primer lugar, a causa de su papel demostrativo en la teoría (proporciones interválicas en el monocordio), mientras que los instrumentos de percusión se hallaban en último término.

En el Renacimiento encabezan la división los instrumentos de viento, mientras que en el Barroco asumen la dirección los instrumentos de cuerda polifónicos, como el laúd y el clavicémbalo. Desde el punto de vista sociológico, determinados instrumentos quedaron reservados a determinados círculos, como por ejemplo el timbal y la trompeta a los caballeros y a la nobleza, respectivamente en el ejército y la caballería (esta situación seguía manteniéndose aún en el siglo XIX), y la flauta y el tambor al pueblo (en el ejército, a la infantería). Los siglos XVIII y XIX aportaron decisivos progresos técnicos en el terreno de la mecánica de ejecución (sistemas de llaves, válvulas). El lugar principal pasó a los instrumentos melódicos. El siglo XX trae una ampliación de la percusión y, como innovación, los instrumentos musicales eléctricos.

En el siglo XIX se inició la colección sistemática de instrumentos musicales y, con ellos, la confección de catálogos, todos los cuales trataban de describir, desarrollar históricamente y ordenar sistemáticamente todos los instrumentos, inclusive los más remotos en el espacio y en el tiempo. Quienes más convincentemente lo lograron fueron Mahillon (1884), Hornbostel (1884) y Sachs (1914).